29 mayo, 2016
De Pamplona a Irún, la mirada pegada a la ventana del autobús serpentea también en paralelo al río Bidasoa. Es fácil que termine adormilándose en los verdes más densos que nadie nunca pudiera imaginar sobre el tapiz de estas tierras de sirimiri casi perpetuo, o en sus montañas con lomo cansado.








